San Blas, un destino mágico en la costa del Pacífico mexicano, es uno de esos lugares donde la prisa no tiene cabida y donde el ritmo se acompasa para observar, respirar y dejar que la naturaleza hable. Así, esta localidad pesquera, con su mezcla de ambiente relajado, una historia ligada al mar y grandes riquezas naturales, es un lugar perfecto para quienes buscan experiencias de viaje más significativas.

1. Contaduría y vestigios del pasado colonial

San Blas fue el puerto más importante del Pacífico norte durante la época colonial; por eso, aún conserva vestigios de antiguas fortificaciones y edificios relacionados con la administración colonial, como el fuerte de la Contaduría. Se construyó en 1760 y visitarlo es adentrarse de lleno en la historia marítima de la localidad: durante la época del Virreinato de Nueva España sirvió como estación naval. Además, servía para proteger el puerto de los posibles ataques piratas y fue un punto estratégico tanto en la Independencia como en la guerra contra Estados Unidos en 1847.

2. El muelle de San Blas

El muelle de San Blas no es solo un punto de paso hacia el mar: es uno de los lugares con mayor carga histórica y simbólica de este destino, así como uno de los mejores enclaves para contemplar la bahía al atardecer.

Y, desde luego, seguro que te suena por la historia de «la Loca» de San Blas, que forma parte del imaginario popular del pueblo: durante décadas, los habitantes de San Blas vieron a una mujer llamada Rebeca, vestida siempre de blanco caminar por el muelle y la playa, mirando al horizonte. La historia cuenta que esperaba a su prometido, un marinero o pescador que salió al mar y nunca regresó. Con el paso del tiempo, la espera se convirtió en una rutina que algunos calificaron de locura. Sin embargo, su figura terminó simbolizando el amor llevado hasta el límite, la esperanza obstinada y la ausencia. Hoy día, hay una estatua en el muelle que conmemora esa espera eterna.

Esta historia real —o, al menos, profundamente enraizada en la memoria colectiva— inspiró al grupo mexicano Maná, que en 1997 lanzó la canción En el muelle de San Blas

3. Naturaleza en estado puro

Uno de los mayores atractivos de San Blas es su entorno natural. En la zona se extienden amplios manglares que protegen una rica biodiversidad y actúan como defensa natural frente al mar. Navegar por sus canales, en pequeñas embarcaciones, es una experiencia pausada y casi hipnótica que surca pasajes estrechos y raíces que asoman desde el agua para adentrarse en un ecosistema tan vivo como delicado.

Por otro lado, las playas de San Blas no compiten con la perfección de postal del Caribe, pero justo ahí radica su encanto: comparten ese carácter salvaje y amplio que se espera de una costa poco intervenida. Entre ellas, cabe mencionar:

  • - Las Islitas: un conjunto de pequeñas playas conectadas por arena y oleaje suave, ideal para caminar, observar aves marinas o experimentar la calma del Pacífico. 
  • - Playas como El Borrego y Hermosa: espacios extensos de arena donde se puede admirar la amplitud del océano y disfrutar de caminatas largas. 
  • - Bahía de Matanchén: amplias formaciones naturales donde practicar surf y dejarse sorprender por el paisaje marino.  

Estas playas ofrecen espacios abiertos a la naturaleza, perfectos para quienes buscan silencio, paz y momentos de contemplación frente al mar.

4. Isla Isabel y la vida oceánica

A 40 millas náuticas del puerto de San Blas, se encuentra el parque nacional Isla Isabel. Es uno de los sitios más valorados por quienes exploran San Blas con un enfoque natural y ecológico.

Bajo la superficie, las aguas transparentes albergan una notable diversidad de vida marina y, durante determinadas épocas del año, es posible avistar ballenas jorobadas. En tierra firme, los acantilados, el clima tropical y los paisajes abiertos convierten el entorno en un escenario privilegiado para la observación de la naturaleza, la fotografía y el senderismo interpretativo.

5. Sentido local y tradiciones costeras

San Blas no se define por espectáculos artificiales ni atracciones creadas para el visitante, sino por prácticas que han perdurado con el paso del tiempo. Entre las celebraciones más significativas destacan las fiestas en honor a la Virgen del Rosario, conocida popularmente como «la Marinera», cada 7 de octubre, y el día de san Blas, el 3 de febrero, cuando tiene lugar una peregrinación acuática que convierte la bahía en un espacio de encuentro y tradición. Para quien viaja, coincidir con estas fechas supone una oportunidad única de conocer el carácter auténtico del pueblo y su vínculo histórico con el mar.

6. Un destino para tomarse tiempo

San Blas es un lugar para pisar el freno, dejarte sorprender por la naturaleza, observar aves durante horas o simplemente sentarte a mirar el mar sin pensar en la siguiente foto. Aquí, lo memorable es lo sencillo: el canto de una garza al amanecer, la calma del manglar o el vuelo sincronizado de las aves sobre el agua al atardecer. 

Si vienes buscando paisajes naturales intensos, historia tranquila y experiencias auténticas fuera de los circuitos más masificados, San Blas tiene ese algo especial.

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